¿Cómo será la fabrica del futuro? Inteligente, digital y humana

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La introducción a la fábrica del futuro. Ese era el sugerente título de la jornada formativa organizada por el Ayuntamiento de Getafe, de la mano de Getafe Iniciativas (GISA), y de la Agencia Española de la Calidad (AEC). La sesión, de aproximadamente una hora de duración, se proyectó en streaming a través del Canal Getafe industria 4.0 y tocó temas de enorme interés no solo para empresarios sino también para profanos.

Getafe se ha convertido por méritos propios en una ciudad que apuesta por la formación y el impulso de la digitalización, un concepto clave de la industria 4.0. Como subrayó el director general de AEC, Avelino Brito, no hay ningún ayuntamiento de España que haya tomado esta iniciativa lo que posiciona a Getafe como una ciudad innovadora, industrial y de vanguardia.

La jornada representaba la segunda sesión del nuevo Canal Getafe Industria 4.0. La primera sesión se llevó a cabo el 30 de noviembre del año pasado y consistió en la presentación oficial del proyecto Getafe Industria 4.0, que culminó en el Congreso sobre Transición a la Industria 4.0 , celebrado el 16 de diciembre en el Auditorio Federico García Lorca del municipio getafense.

El núcleo de la actividad corrió a cargo de Pilar Bejarano, Project Manager de la empresa de servicios de ingeniería industrial Sisteplant, una firma fundada en 1984, cuya principal actividad es la optimización de los procesos productivos, logísticos y organizativos en la industria, apoyándose en tecnologías de operación y fabricación avanzadas, modelos de organización avanzada (LEAN e industria 4.0) y en sistemas de información inteligentes (transformación digital) con dos programas de software propios.  Cuenta con más de 150 empleados, más de 2.000 clientes, más de 300.000 usuarios y presencia en los 5 continentes. Bejarano es ingeniera técnica de telecomunicaciones e industrial.

Primero hizo tres reflexiones previas importantes sobre la fábrica avanzada, cómo entiende ella que deberían ser las empresas del futuro y cómo hacerlo posible, es decir, qué pasos fundamentales deben darse.

La primera reflexión planteada giró sobre la esperanza de vida de las empresas. Partimos de escenarios en los que en 1955 era de 75 años, pero en 2016 ya solo era de 12 años, bajando considerablemente. “Nos encontramos en un escenario actual en el que las reglas del juego han cambiado notablemente. Cada vez se exige más agilidad, una respuesta más rápida tanto en productos como en servicios, un producto-servicio más personalizado, y todo eso nos lleva a un escenario de incertidumbre en el que el reto es plantearnos si esa incertidumbre supone una amenaza o una oportunidad para las empresas”, declaró Bejarano.

La segunda reflexión presentada por Bejarano apunta a cuál es la importancia de la riqueza de una región. Ofreció gráficas con datos de evolución del coste laboral medio por empleado. En el caso de los empleados industriales es un 20% superior a la de otros sectores. Y en cuanto a la distribución del empleo por razón de antigüedad en la empresa, también se observa que dos tercios de los trabajadores industriales permanecen más de seis años en sus puestos laborales.

La tercera se enfocaba hacia el futuro, hacia el posicionamiento de la industria española en el entorno actual. La información estadística que manejaba a nivel histórico, procedente del INE, confirma el desplazamiento de tendencias, el cambio de modelo de economía. Así, en el caso de la industria y la energía, en los años 70 y 80 el porcentaje de contribución de la industria a la economía era 34% y el 28,6%, respectivamente, pero en 2017 ya era sólo alcanzaba el 18%. Por el contrario, el sector servicios pasó del 46,2% en 1970 al 72,9% en 2017. Y esos porcentajes se traducen a términos de empleo. ¿Qué significan esas cifras? Que el sector industrial ha perdido en 40 años un enorme peso en términos económicos.

En este ambiente, explicó Bejarano, surgió el fenómeno 4.0, que cada vez es más notorio en los medios de comunicación. “La industria 4.0 está presente cada vez más en nuestro día a día también a nivel laboral”, añadió y citó al Gobierno cuando decía que el salto a la industria 4.0 no es una “opción” sino una “necesidad”.

Esa necesidad implica un cambio de paradigma. “La excelencia en las fábricas ha estado muy ligada a metodologías Lean manufacturing, de mantenimiento productivo total (TPM), 6sigma, pero a medida que todas esas metodologías, esas técnicas, esa cultura avanza dentro de la empresa, llega un momento en que la evolución se ralentiza y esa asíntota tiende a la horizontalidad, y los avances no son tan notables. A partir de ese momento es cuando hay que plantearse que hay que dar el salto o el cambio de paradigma y pasar de una situación estable de evolución a una situación de revolución”, explicó. Para ello es fundamental tener un modelo integral para hacer esa transición, un modelo que englobe todas las áreas de la empresa.

Dentro de esa necesidad de cambio, es esencial “hacer compatibles las dos caras de la moneda”: “lo urgente es producir hoy para servir a nuestros clientes” pero “lo importante es aprender hoy para sorprender mañana”.  La idea es seguir generando beneficios a través de nuestros clientes, pero aprendiendo para enfilar al mañana e innovar para estar preparados. “En este punto, debemos abandonar las ventanas de tiempo. Lo habitual es utilizar un tiempo para producir y después, si es posible y si sobra tiempo, lo utilizamos para experimentar o para aprender. Hay que plantearse en este cambio de paradigma si no se puede aprender mientras se produce y se cumplen los compromisos diarios”, enfatizó Bejarano, quien ya participó en el citado Congreso sobre Transición a la Industria 4.0.

La actitud ante el fenómeno 4.0 de las empresas, según la experiencia nacional de Sisteplant, es diversa. Hay actores, muchos que optan por la contemplación, están viendo qué va a pasar, cómo actúa la competencia; algunos acometen “acciones aisladas” poniendo en marcha un robot colaborativo; y pocos plantean y ejecutan “acciones integrales”.

Tras estas reflexiones, Bejarano habló de tres atributos para las empresas del futuro. Vibrante. Digital. Humana. “Creemos que la empresa del futuro debe ser vibrante, con cuatro pilares básicos que debe vibrar a la vez: estrategia y organización, tecnologías de fabricación y TICs, personas y resultados. También debe ser digital, con herramientas de predicción tecnológica, de gestión de mantenimiento, de captación de datos, de seguimiento de ciclos de mejora… Y por último engranar personas y tecnologías para conseguir que la fábrica también sea humana. Que esas tecnologías nos permitan aumentar las posibilidades y las capacidades de las personas”, detalló.

En esa empresa del futuro surgen nuevos paradigmas que pueden ser nuevos productos (sensores, sistemas embebidos, robótica, fabricación aditiva, realidad virtual), nuevos procesos (soluciones banda ancha, movilidad, cloud, ciberseguridad) o nuevos modelos de negocio (aplicaciones de gestión, producción, supply chain, comerciales, colaborativas…)

“En cualquier caso, la tecnología tiene el potencial de ayudar a la sociedad radicalmente a alcanzar esos nuevos paradigmas, pero la tecnología por sí sola no logra esas metas. Es en la transición de la idea al producto tangible cuando realmente se determina el destino de la tecnología”, continuó diciendo Bejarano.

Lee la noticia completa en: Industrytalks

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