¿Nos superarán las máquinas en inteligencia?

TwitterLinkedInEmailPrint

Javier Borda –  Profesor, Doctor Ingeniero, Presidente de Sisteplant

Creo que la inteligencia superior es un mecanismo articulado y vibrante con resonancia entre abstracción, lógica de inferencia deductiva, imaginación e intuición. La resonancia implica determinadas elasticidades entre ellos; solo pueden resonar los resortes. También creo que un “super-hombre” (a lo que nos veríamos conducidos para poder sobrevivir en lo que llega) es alguien cuya mente puede resonar con más modos de vibración.

Esas vibraciones armónicas inducen lo que llamamos “sensibilidad” y ese “hombre superior” tiene además alma de artista.

Un primer consuelo es que tener más modos de oscilación necesita más complejidad, y que la biología la tiene inalcanzable. Por lo tanto, los humanos tenemos más potencial que los robots y máquinas de Inteligencia Artificial (I.A.) para poder preponderar ya que, además, la inteligencia crece con la complejidad de forma más pronunciada que el desorden de la entropía. En primera aproximación considero que la inteligencia “I”  es proporcional a la combinatoria que los n elementos de un sistema proporcionan.

Si n son las neuronas (naturales o artificiales),

donde los signos de admiración son factoriales. Sale una enormidad siempre. Si por ejemplo, para comprenderlo, tenemos dos sistemas, uno con 3 y otro con 4 elementos:

Entonces, I4/I3 = 15/7, que es significativamente superior a 4/3, casi el doble. Y a más elementos n, esta diferencia es mucho mayor.

Nuestra inferioridad está en nuestro físico. La dicotomía mecánica “grados de libertad vs. fuerza” nos hace inferiores en destreza en ciertas tareas.

Ese es el campo justo; aprovechemos la ingeniería mecánica para esto, y en casos determinados vistámonos con “exoesqueletos” aunque perdamos cierta elegancia.

Para verlo, supongamos el movimiento plano de un mecanismo sencillo.

1º de libertad: Tengo un robot que hace esto

Con 2º de libertad

Observemos que la rigidez de giro del Mecanismo de la base se tiene que mantener para cuando α = 0.

Pero nuestros delicados mecanismos, hechos de biología, no pueden ser más rígidos que los metálicos, plásticos o cerámicos. Por el hecho de dividir los mecanismos y de darles más grados de libertad no consigo aliviar el esfuerzo, sino que mantengo su máximo y lo hago oscilante, lo que implica fatiga.

Si ahora considero el movimiento en varios planos, las fuerzas y pares se hacen espaciales, provocando esfuerzos complejos en rótulas, rodamientos, tendones, músculos y demás. Entonces debo sofisticarlos y acomplejarlos, lo que unido a los propios grados de libertad del mecanismo lo hacen más vulnerable. Consecuencia, hay una saturación y una ley: “Elige pares o Grados”.

Dejo en estas consideraciones aparte a Dios. Como Hombre sensible lo necesito, pero como científico me estorba. Curiosa divinidad esa que nos deja en una permanente duda, y que permite que haya un “Principio de Incertidumbre” inquietante en la Mecánica Cuántica:

Precisión en la Posición * Precisión en la Velocidad ≤ una constante Universal

Bien, por lo tanto, mayor complejidad significa mayor potencial de inteligencia superior. Una forma -quizá la mejor- de medirla es la entropía. En un sistema (un Hombre, una máquina), se mide como

donde n es el número de estados posibles y p = 1/n la probabilidad de que se de cada uno de ellos.

Fácilmente puede verse que esto equivale a  y que cuando sólo hay un estado posible n=1, S=0, y con infinitos estados n=∞ y S=∞ también. A mayor entropía S las posibilidades de deterioro y averías en las máquinas son mucho mayores, como lo son las de comportamiento errático. Pero ¿hay sólo una erraticidad?

Los sistemas biológicos, a diferencia de los electrónicos, son capaces de crecer de forma continua en su fisonomía (crece todo el cuerpo sincrónicamente) y en el tiempo. No es “a saltos” como cuando un hipotético robot auto-evolutivo se añadiera a sí mismo un componente. Este crecimiento armónico, integral y continuo, implica una retroalimentación también integral y extremadamente compleja pero, con todo, no deja de ser una información que induce auto-regulación.

Alguna vez he dicho que la hipotética diferencia de comportamiento con un robot superinteligente que haya conseguido ser “indistinguible” se dará en situaciones extremas. Somos imprevisibles para las máquinas (y muchas veces para nosotros mismos), y ellas no lo son para nosotros salvo que estemos “despistados” en ese momento.

Pero ¿hasta qué punto imprevisibles? La química del cerebro biológico regula hasta cierto punto la incertidumbre cuántica de la nano electrónica neuronal y sus infinitas conexiones, y esto hace que el feed back de las situaciones extremas nos haga “imprevisibles dentro de un orden”. Caos controlado, aunque relativamente, pues cuando hay demasiadas neuronas (super inteligencia) la entropía S es mayor y, en consecuencia, lo son las posibilidades de desorden cerebral (epilepsia, por ejemplo).

Por otra parte, la nanoelectrónica aplicada al cerebro de un robot que intenta imitar el cerebro humano:

  1. Podría ser inestable, pero al faltarle la continuidad “química” que da el sentido de ser “Hombre” y su proyectiva, se iría al caos.
  2. O podría ser demasiado estable y entonces no tendría situaciones extremas sorprendentes por su originalidad o brillantez.

¿Predominio? Cierto es que un robot podría llegar a “fabricar” personas “in-vitro”, modificar sus circuitos neuronales y ponerles un comportamiento normal (nunca extremo) a voluntad. Pero nosotros también. Llegado cierto umbral, la preponderancia a largo plazo sería dudosa, por eso deberíamos prepararnos, y no pensar únicamente en nuestra enorme diferencia en situaciones límite, porque no todo son situaciones extremas, sino al contrario. Prepararnos es:

  1. Usar el potencial repetitivo y fiable de los robots y utilizarlo para que nosotros…
  2. … desarrollemos a tope nuestro potencial matemático-creativo,
  3. … fomentemos a la vez nuestra sensibilidad artística y con lo trascendente
  4. … nos dotemos de Misión-Visión-Valores y ética en un conjunto orgánico Familia-Educación-Empresa-España.
  5. … transformemos las organizaciones en Artesanías industrializadas, dejando a las Personas el papel intelectual de la coherencia de cada acto con valores y objetivos, el papel creativo en la concepción de productos y procesos de alto valor añadido tecnológico, y los toques finales en una fabricación mucho más personalizada para mí y para mis clientes.

Los robots a su sitio y nosotros al nuestro.

¿Hacia Super-Hombres? Los robots no tienen deterioro vital y sí mecánico, aunque es predecible y autorreparable de antemano. Eso los hace “eternos”, mientras que la biología, por su propia naturaleza tiene caducidad de calidad. Lo que nos hace insuperables también acabará con nosotros. Debemos durar en condiciones óptimas mucho más que hoy y, por lo tanto, reproducirnos sanos y cuidarnos física e intelectualmente a todas las edades, con deporte, alimentación espartana y cultura. Creemos super-hombres por doquier, y que no sean excepciones. Falta aún bastante para que el problema detone de forma irreversible (¿50 años?, no más, creo), pero prepararnos supone al menos dos generaciones. Vamos muy ajustados.

 

Nota final 1

Stanley Kubrick rodó en 1966 la novela de Arthur C. Clarke “2001 a space Odissey”. Cuando van desconectando al ordenador HAL (un IBM “adelantado” al menos una letra), al final el computador pregunta “¿soñaré?”. Si esto respondiera a una instrucción «cuando vayan a extraer la placa 48, exclama ¿soñaré?», no es nada. Pero si responde a un proceso de aprendizaje y reflexión de HAL, esta máquina es un hombre. La exclamación es lo más profundo e inquietante que puede pensarse sobre la I.A.

 

Nota final 2

Relación entre la entropía termodinámica y la de información o estados de un sistema

Sabemos ya que la entropía en una medida del desorden, y que la de los sistemas con n estados posibles (o la de la información) se calcula por:

ya que si hay n estados -en principio equiprobables- la posibilidad p de cada uno es p = 1/n.

Con esto,     donde T es la temperatura de un sistema, y dQ = dQEXTERNO + dQROZAMIENTO INTERNO es una cantidad diferencial de calor intercambiado o autogenerado.

Este calor supone un mayor desorden atómico (y molecular) y, por lo tanto, más estados posibles como se puede apreciar en la figura a continuación, con 6 partículas.

Observamos que el incremento de entropía dS sólo es nulo cuando el incremento de calor es cero, y que su valor absoluto sólo puede ser también cero cuando lo es la temperatura (-273ºC), ya que de lo contrario habría agitación (velocidades) y, por lo tanto, más de un estado posible.

¿Cómo podríamos determinar la entonces segura relación entre ambas clases de entropía?

Si c es un calor específico:

 

Gráficamente, n(T) es una curva del tipo:

Es una fuerte exponencial creciente, pero a la inversa vemos que la temperatura tiende a estancarse a pesar de que n (por ejemplo, número de estados neuronales) crezca mucho. Eso significa que el hombre, a pesar de tener su temperatura fija y autorregulada, puede desarrollar una gran complejidad cerebral, prácticamente ilimitada, por naturaleza biológica.

Un robot puede también aumentar n, pero al final va chocando con la complejidad mecánica, por ejemplo en circuitería (aunque sea fotónica) o refrigeración.

EN UNA PALABRA

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies